La tensión en Oriente Medio vuelve a instalarse en un punto crítico. El gobierno de los Estados Unidos ha condicionado el futuro de cualquier negociación diplomática a que Teherán emita una declaración pública e inmediata en la que garantice que el estrecho de Ormuz está abierto y que los buques comerciales no volverán a ser blanco de ataques.
Sin este compromiso explícito de paso seguro por la crucial vía marítima —donde el tráfico naviero se ha desplomado tras los recientes incidentes—, Washington da por cerradas las opciones de avanzar hacia un diálogo sobre el programa nuclear iraní. «Nunca pasaremos a las negociaciones nucleares sin esto», advirtió tajantemente un alto funcionario de la Casa Blanca en una sesión informativa con periodistas.
Una lucha de poder interna bajo la lupa internacional
Desde la perspectiva estadounidense, la inestabilidad en el estrecho es el reflejo de una profunda fractura en los círculos de poder de Teherán. Según fuentes oficiales de EE. UU., los recientes ataques y bloqueos muestran una «lucha de poder en tiempo real» entre las facciones iraníes moderadas y las líneas más duras que buscan mantener el control de la zona.
Aunque la Casa Blanca ha evitado detallar qué medidas específicas tomará si Irán se niega a emitir el pronunciamiento público, las advertencias sugieren que Washington contempla acciones adicionales más severas. Cabe recordar que, apenas a principios de esta semana, fuerzas estadounidenses lanzaron oleadas de ataques militares contra objetivos en territorio iraní tras registrarse disparos contra buques mercantes. Como respuesta complementaria, la administración de Donald Trump firmó este viernes un nuevo paquete de sanciones económicas contra el régimen islámico.
El dato clave
Pese a que el tráfico marítimo sigue bajo mínimos históricos por el temor a nuevos incidentes, los registros de MarineTraffic reportaron que al menos 15 embarcaciones comerciales lograron cruzar con éxito el estrecho en las últimas 24 horas.
Desconfianza mutua y la «línea roja» del uranio
La respuesta desde Teherán no se ha hecho esperar. Mohammad Bagher Ghalibaf, el principal negociador iraní, reafirmó la postura defensiva de su país y cargó contra la falta de garantías en las conversaciones. «Dejé claro al vicepresidente de EE. UU. que no tenemos confianza en ustedes», señaló Ghalibaf, asegurando que Irán está preparado para una «defensa total» si Washington rompe los acuerdos preliminares alcanzados el mes pasado.
Por su parte, Estados Unidos mantiene una postura inamovible respecto al desmantelamiento de las capacidades atómicas de Irán de cara a un eventual tratado de paz duradero. «Si no obtenemos el polvo [el uranio enriquecido], no hay trato», sentenció el funcionario estadounidense.
Horas decisivas en el Golfo
La diplomacia regional se mueve a contrarreloj para evitar que la situación escale hacia un conflicto abierto:
- Mediación en Omán: Se espera que el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, aterrice este sábado en Omán, país que actúa históricamente como puente de comunicación, para abordar la crisis de Ormuz y desactivar las alarmas en la región.
- Coordinación con aliados: En paralelo, el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, sostuvo una llamada estratégica con el ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudita, Faisal bin Farhan. Ambos diplomáticos enfatizaron la necesidad de una «coordinación estrecha» para devolver la estabilidad al Golfo, tras las reuniones mantenidas el jueves con el embajador saudí en Washington.
El estrecho de Ormuz, cuyas Zonas Económicas Exclusivas son compartidas por Irán y Omán, sigue siendo el principal cuello de botella de la economía global, y las próximas horas determinarán si la vía se consolida como una zona de libre tránsito o como el detonante de una nueva guerra regional.